La torcaza común, o palomita montera (zenaida auriculata) es una paloma de la familia Columbidae propia de Sudamérica.
Tiene una muy amplia distribución, desde el nivel del mar hasta 4,000 m de altura.
Características
Es de color gris, con manchas iridiscentes en el cuello. Los machos presentan coloración celeste en la parte superior de la cabeza y ligera coloración rosada o dorada en el pecho. Las hembras presentan color uniforme, sin tonalidades diferentes a su plumaje normal. Son esbeltas, con patas rojizas. También presentan manchas negras en los extremos de las alas.
Se la suele llamar torcaza mediana, porque hay otras más pequeñas, las “torcacitas”, y otras más grandes.
Realizan un canto muy peculiar y muy distinto a otras aves, tanto macho como hembra. El macho canta con más fuerza y entonación que la hembra, para llamar su atención para reproducirse. Puede aparearse varias veces al año, usualmente anidan cada cuatro meses. Sus huevos son blancos, y el nido es muy irregular, apenas unos palitos acomodados en una rama, en alguna estructura artificial como canaletas o bien directamente en el suelo.
Hábitat
Viven en ambientes del bosque húmedo, pero se han adaptado a áreas rurales, suburbanas y urbanas, donde fácilmente encuentran alimento, ya que es omnívora con inclinación a granos y semillas.
Se puede ver bandadas, a veces grandes, causando daños en los sembrados y cultivos. En las ciudades y ambientes urbanos es confiada, incluso es común que se encuentre algún pichón en el suelo y se críe en cautiverio, aunque nunca se vuelve totalmente doméstica.
LEYENDA DE LA PALOMA TORCAZ
de Linares Cardozo, del libro "El caballo pintado y la paloma".
Escuchen los lapaceñosla historia que recogí
en las costas del Cuatiá
de un anciano guaraní.
Era del Viejo de los perros
Don Muringa lo llamé,
con él entré a dialogar
cuando un cuzco le salvé.
Centenario y achacoso,
de experiencia, sabedor,
felíz, muy lúcido en dichos,
baqueano y caminador.
Fue figura del arroyo
que nunca podré olvidar,
con su jauría reflaca
me lo sabía topar.
Su vivienda era un bendito
donde me pude arrimar,
muy cercano a la barranca
en la costa del Cuatiá.
Perdido entre las biznagas
de lejos me vio venir,
con el cachorro en los brazos
volcó ternura hacia mí.
Desde entonces fue un amigo
que encontró mi corazón,
se decía descendiente
de una antigua población.
Cuántos relatos y cuentos
de mi solar aprendí
por la boca de aquel viejo
al que lamento perdí.
El me narró la leyenda
de la paloma torcaz,
palomita de mis lares,
Palomita de La Paz.
-Hace mucho, mucho tiempo,
decía- fue por aquí
vivió una linda indiecita,
la nombrada Yerutí.
Delicada muchachita
siempre anhelando un hogar
quería ganarse un cariño
por las costas del Cuatiá.
Los pájaros lo alentaban
mas se cansó de esperar,
callada se fue callando
por las costas del Cuatiá.
Tristeza sentía en las siestas
y no sabiendo cantar
sólo aprendió con nostalgia
los arrullos del Cuatiá.
Era el profundo llamado
de misterio y soledad
de indiecita acongojada
suspirando en el Cuatiá.
Hasta que un día, desdichada,
ya no quiso sufrir más,
se durmió entre las yeseras
de las costas del Cuatiá.
Contaron los ribereños
cómo en el mismo lugar
entre los yesos y pajas
alzó vuelo una torcaz.
Después, con mucha sorpresa,
se vio volar un casal
y luego fue una bandada
y otra y otra sin cesar.
Van pasando apresuradas
las torcazas del Cuatiá,
Dios prodigado en palomas
anunciando la ciudad.
Y aquel pueblito aromado
de las costas del Cuatiá
fue creciendo hacia la loma
que domina el Paraná.
Ciudad graciosa, apretada,
delicada, espiritual,
como un simbolo fundada
y la llamaron La Paz.
Todo parece integrarse
a su digna humanidad,
es palomita argentina
entrerriana puro ideal.
Justo cuando a la Patrona
se la iba a entronizar
sobrevinieron bandadas
por el cielo de La Paz.
Era el amaor volandero
de paloma montaraz
saludando la pureza
Virgen madre de La Paz.
Dos tiempo tiene mi pago
felices para cantar,
el del caballo pintado
y la paloma torcaz.
La canto porque es leyenda
del corazón litoral,
galopa en corcel pintado,
ama en paloma de paz.
